Leyendas de Puebla: La cueva del tiempo de Teziutlán
Historia

Leyendas de Puebla: La cueva del tiempo de Teziutlán

Los mitos y leyendas de Puebla están aquí por ello les compartimos las recopilaciones de estos relatos que plasma en su libro Leyendas y Mitos de Puebla el maestro Salvador Mómox Pérez.

La Cueva del Tiempo.

Desde principios del segundo milenio en la era cristiana, el territorio comprendido en la parte norte del estado de Puebla, fué habitado por grupos totonacas, otomíes y mazatecos, más tarde, ese lugar fué conocido como Teziutlán.
En este lugar se ubica la Sierra Norte o Sierra de Puebla, precisamente en la parte Sur de la misma en el cerro de Ozuma, cuya altura es de 2400 metros sobre el nivel del mar.

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En su base, se sitúan una serie de oquedades o cavidades, y dentro de ellas, cuentan los antiguos pobladores que han ocurrido horribles sucesos. Silverio era un joven originario de esta población, que aunque muy talentoso, por más que hacía esfuerzos por tratar de salir adelante, no había podido conseguir trabajo, agregado a lo anterior en el año de 1800 en Teziutlán existía muy poca actividad económica y social.

“Silver” como le gustaba que le llamaran sus amigos, pensó que no tenía otra alternativa que tratar de entrar a la cueva del tiempo, lugar del que hablaba mucha gente y nadie osaba penetrar. Con las ideas arremolinadas en su cerebro, pues por un lado tenía muchos temores de lo que fuera a ocurrir y por el otro, el gran deseo de ser alguien en la vida, le mantuvieron por muchos días preocupado y sumamente inquieto. Tan así que sus padres le preguntaban a diario si estaba enfermo.

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Por fin un día de tantos a medio día se decidió, tomó unos ocotes, una cuerda, un morral con tacos y un guaje con agua, y sin pensarlo más se encaminó hacia las grutas del Cerro Ozuma. La distancia desde su casa en Teziutlán hasta la Cueva del Tiempo era bastante considerable, por lo que alrededor de las 22: 15 horas llegó a su destino.

Después de un rato de descanso volvió a emprender el camino hacia las entrañas del Ozuma, pues le advirtieron que antes que clareara el nuevo día debería salir ya que de no hacerlo quedaría atrapado para siempre en la eterna oscuridad. Únicamente con la débil luz de sus ocotes, caminó y caminó al interior de la oquedad, pasando por enormes salas en cuyas paredes le parecía que se movían horribles seres que pretendían asesinarlo.

Nada lo detuvo, pues en su mente sólo existía un propósito: ¡Vólverse rico a cualquier precio! O no regresar, pues no quería ser la burla de sus amigos. No supo cuanta distancia recorrió, ni el tiempo que utilizó para esto, hasta que de pronto se topó con un gigantesco montón de joyas, monedas y objetos hechos con metales preciosos.

Maravillado por su hallazgo, se sentó y lo contempló por largo tiempo, pensando en tantas cosas que haría con todo ese dinero, pero además en cómo resolvería el problema que representaba el escoger las piezas de mayor valor que debería llevarse. Después de un corto tiempo concluyó: ¡Las que tuvieran mayor cantidad de piedras preciosas y que no fueran tan pesadas! Para que pudiera transportarlas hasta su casa. Con su lazo ató los objetos que creyó más convenientes. Después terminó, se sintió cansado y se quedó dormido.

Cuando despertó, vió que tenía una gruesa capa de polvo sobre su cuerpo y muchas telarañas. No le tomó mucha importancia a este hecho, únicamente se limitó a tomar lo que había preparado y emprendió el camino de regreso. Sin tener la certeza si era la vía correcta, avanzó por mucho tiempo, sintiendo en ciertos momentos que las piernas y la espalda le dolían intensamente; pero consideró que era consecuencia por cargar un gran peso.

Sintiéndose desfallecer continuó por tiempo indefinido, hasta que por fin llegó a la entrada de la cavidad por la que había llegado. Como era de día, observó a lo lejos que estaban construidos algunos jacales, lo que le causó un poco de inquietud, pues tenía la seguridad de que construcciones así solo existían hasta Teziutlán.

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Al llegar se llevó una gran sorpresa, dado que la población se encontraba totalmente transformada y ya no podía reconocerla. Entonces buscó a sus padres, la gente le informó que hacía años que habían muerto. Mudo de terror trató de localizar a sus amigos y milagrosamente encontró a uno de ellos, el que se encontraba convertido en un gran anciano, con el pelo totalmente blanco, encorbado y sin dientes.

Repuesto de la sorpresa le preguntó que le había ocurrido, contestando éste que eso era lo que precisamente le preguntaba a él: ¿Porqué se había desaparecido por tantos años? Hasta ese momento Silverio reparó en su persona, percatándose que se encontraba también convertido en un anciano; observó las joyas que traía consigo y se preguntó: – ¿Valió la pena el sacrificar mi vida por esta riqueza?

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Fuente: Libro Leyendas y Mitos de Puebla
Autor: Salvador Momox Pérez
Edición 2008
páginas 24, 25, 26, 27.
Fotos de Panoramio de: José Carlos Amaro Rocha y Adolfo Perales Huerta

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