Leyendas de Puebla: El dragón del convento de Zacatlán
Puebla posee un sinfín de fascinantes leyendas a lo largo de todo su territorio, y cada recorrido por sus regiones permite descubrir un relato nuevo y sorprendente. Durante una de las visitas del equipo de Yo Soy Puebla al Pueblo Mágico de Zacatlán, la charla con una joven en una tienda de vinos locales nos reveló una historia tan insólita como atrapante: la leyenda de un supuesto dragón que habita en las profundidades de los sótanos del exconvento franciscano, precisamente en el sitio donde se erigieron las primeras estructuras para la fundación de este histórico pueblo mágico.
El hallazgo del animal sagrado en el convento
Los relatos tradicionales señalan que, en los tiempos en los que se encontraba en marcha la construcción del Convento, un poblador indígena se acercó a los frailes españoles para informarles sobre la existencia de una bestia colosal que, desde antes de la llegada de los conquistadores, había mantenido en zozobra a los nativos de los contornos. Los lugareños habían intentado cazarla en múltiples ocasiones sin éxito, uniendo un profundo respeto a su imponente presencia al grado de considerarlo un animal sagrado.
Movidos por la curiosidad y contagiados por el entusiasmo de los nativos zacatecos, los frailes decidieron emprender la misión de capturar a la criatura. Dicho y hecho: tras lograr atrapar con vida al enorme animal, los religiosos quedaron perplejos y maravillados ante los rasgos fantásticos de aquel extraño ser, convenciéndose de inmediato de que se trataba de una obra del diablo.
De atracción turística a secreto infernal
La conseja popular narra que la criatura fue confinada en un espacio especialmente acondicionado bajo la iglesia del convento. Al principio, su presencia funcionó como una gran atracción para propios y extraños que acudían a admirarla. Sin embargo, con el paso de los años, el discurso de la orden cambió radicalmente; prohibieron las visitas argumentando que la gran bestia era producto de las maquinaciones demoníacas para desviar a los indígenas de su naciente fe, advirtiendo que cualquiera que se atreviera a contemplarlo condenaría su alma al fuego eterno de los abismos infernales.
Los custodios designados desaparecían periódicamente bajo los pisos del templo, permaneciendo incomunicados por días antes de aparecer nuevamente para retomar sus rutinas. Estas misteriosas ausencias de los frailes despertaron sospechas en el pueblo: algunos creían que realizaban ritos dedicados al diablo, mientras otros pensaban que purgaban culpas y negros pecados.
El temblor y la verdad oculta bajo los cimientos
La verdad salió a la luz tras un temblor que sacudió de forma paradójica únicamente a la estructura de la iglesia. Los frailes emergieron de los sótanos con los rostros desencajados y revelaron un secreto aterrador: al momento de fundar el convento, el dragón había quedado atrapado bajo los cimientos del edificio sin posibilidad de ser extraído. Para evitar que muriera y liberara un hedor insoportable que maldijera el lugar, decidieron mantenerlo con vida alimentándolo de manera constante.
Aquel día, el animal estaba furioso debido al hambre acumulada y casi devora a sus cuidadores. Para evitar un colapso que sepultara el templo entero bajo el crepitante fuego de los infiernos, la población redobló los diezmos en forma de aves de corral y fauna silvestre para saciar al monstruo antediluviano que milagrosamente había sobrevivido hasta la Era Cristiana.
Realidad histórica o estrategia de evangelización
Entre los habitantes persiste un temor supersticioso: el día en que la bestia deje de ser alimentada, el convento colapsará y de entre sus ruinas emergerá el temible dragón del convento. Sin embargo, los escépticos sostienen que todo se trató de una astuta mentira inventada por los frailes para mantener atemorizados y sumisos a los indígenas reacios a abandonar sus antiguas creencias y asegurar así su propia subsistencia.
Las crónicas recuerdan que, en tiempos del cura Aurelio Toriz Mendoza, existía un pasaje secreto detrás del Altar Mayor que comunicaba con la parroquia. Este corredor subterráneo, utilizado en épocas turbulentas como la Independencia, la Guerra de Reforma y la Revolución Mexicana, desembocaba en un gran espacio libre donde supuestamente se resguardaban tesoros requisados a los pobladores de la sierra poblana. Dicho pasaje fue finalmente bloqueado durante la gestión del presbítero Roberto Espinosa.
Cierta o no, la leyenda del dragón sigue viva en el imaginario colectivo, advirtiendo que el día que se detenga su tributo, este orgullo de la arquitectura zacateca ¡dejará de existir!
Foto de portada de Flickr con licencia de atribución Creative Commons del usuario: Catedrales e Iglesias
Fuente de la leyenda: zacatlandelasmanzanas.com.mx










