La Leyenda del bandolero enamorado Agustin Lorenzo

La Leyenda del bandolero enamorado Agustin Lorenzo


Shecko El Chambiador

31 de agosto, 2011•9 min de lectura

La Leyenda del bandolero enamorado: Agustín Lorenzo y su historia en Puebla

Por: Sergio Flores López

Saludos educandos, disfruten esta pequeña historia…..

Agustín Lorenzo y los bandoleros de la época colonial

Han existido a lo largo de la historia de nuestro querido México, varios héroes, algunos famosos y otros no tanto pero que han enriquecido nuestro folclor ya que se han mantenido en el recuerdo oral de nuestros antepasados; esos Robin Hood, bandoleros que les robaban a los ricos para dárselos a los pobres como: Agapito Treviño “El Caballo Blanco” y no hablo de José Alfredo Jiménez… Chucho “El Roto” entre muchos que existen en el país, fue Agustín Lorenzo. Este último personaje hizo su aparición según nos relata la memoria hablada probablemente a finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII, en el que apareció el grupo de la Acordada (1703-1812) en la ruta de Querétaro.

Pintura: Carnaval de la Vida Mexicana: Agustín Lorenzo

La leyenda de la Época de la Colonia cuenta que fue de origen humilde y que desde niño recibió maltrato y puntapiés. Aburrido de estas anomalías decidió escapar a la montaña, encontrando en ella a diferentes indios con el mismo rencor. Liderando a estos forman su banda de asaltantes con la idea de recuperar la riqueza y vengar el maltrato recibido. Así emprendió su carrera delictiva, asaltando la diligencia por todos los caminos sembrando el temor y odio de los ricos.

Agustín Lorenzo y su banda, conocidos en Puebla como Los bandidos de Río Frío, ejercieron sus actividades delictivas en la región de Huejotzingo, cuando todavía existían las corregidurías (población de importancia al reinado español y administrado por un cacique). Según cuenta la leyenda, había una banda de forajidos formada por un hombre llamado Tierra Adentro, quien reconociendo la inteligencia y astucia de Agustín Lorenzo le entregó la jefatura de la banda que asoló la región de Puebla, Tlaxcala, Estado de México, Morelos y Guerrero (donde dejaron más crónicas). Esto se puede afirmar porque las mismas Grutas de Cacahuamilpa fueron descubiertas por él, sirviendo de refugio a los colegas del mismo dolor de Agustín Lorenzo en el Estado de Guerrero.

Ciertamente, si Agustín Lorenzo era un bandolero, el pueblo encubría sus fechorías porque robaba a los ricos y ayudaba a la gente de los pueblos que protegían sus múltiples huidas. Los nombres de los integrantes de esta banda eran: Tierra Adentro, El Meco, El Zopilote, El Cordobés, El Grillo, El Tocotín, El Pato, cada uno de ellos con características especiales y también con sus propias leyendas que le daban fuerza al grupo. Nadie tan audaz como el Zopilote, quien sabía explorar el terreno desde la copa de los árboles; entre ellos había un gachupín adinerado que regaló sus propiedades, el Grillo, que despojado de sus tierras se unió al grupo, y el Meco, el brazo derecho de Agustín Lorenzo y su alcahuete en el amor. Los bandoleros tenían su guarida entre la Sierra Nevada y las cuevas del Cerro Gordo, entre el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl.

El amor imposible entre Agustín Lorenzo y Elena

La historia de amor comienza cuando en la iglesia del Ex Convento de Huejotzingo se conocen Agustín Lorenzo y Elena, la hija del corregidor. El amor nace cuando él le ofrece el agua bendita de la pila, y a partir de ese primer encuentro, ni él ni ella pudieron dejar de pensar uno en el otro. El destino quiso que así fuera: ella una dama de sociedad y él un bandolero. Su amor se veía alimentado por las cartas que Agustín Lorenzo le enviaba a Elena con su amigo de aventuras el Meco, quien disfrazado de carbonero o arriero entraba a Huejotzingo para entregar los recados amorosos a la bella Elena.

Ante el amor imposible, la única solución para que diera frutos su relación incondicional era la huida. Agustín Lorenzo le propone su plan a Elena, pero ella, pensando en su padre, se niega al principio a fugarse con él. En una segunda propuesta que Elena recibe en un baile, Agustín Lorenzo le propone que después de la fuga se casarán en una ceremonia sencilla, para lo cual la banda raptará a un sacerdote que llevará a cabo la boda de los amantes.

Exconvento de San Miguel Arcángel en Huejotzingo

El Meco logra llegar al balcón de la amada y da el recado en mano propia en donde Agustín Lorenzo le comunicaba a Elena su decisión de raptarla a las doce de la noche y esperar la señal convenida. Al romper el mensaje, da la respuesta de aceptación. Entonces, la banda asalta por sorpresa la casa del corregidor y rapta a su hija, llevándola ante el jefe Agustín Lorenzo a un lugar de la montaña, por la actual ruta rural-federal hacia el Popocatépetl atravesando del lado izquierdo el Municipio de San Andrés Cholula. Con esta acción, los enamorados muestran a la sociedad que ante el amor no existen ni barreras ni prejuicios sociales.

El Corregidor, indignado por la acción de los malandrines, reúne al ejército de la zona para perseguir a los forajidos. Una vez realizada la boda, se lleva a cabo la fiesta y el baile; en eso estaban cuando llega el ejército y quema la casa donde supuestamente se encontraba la pareja. En medio de la confusión el grupo logra huir: el Meco logra burlar al ejército llevando a Elena por caminos intrincados de la Sierra Nevada que conoce como la palma de su mano. No corrió con la misma suerte Agustín Lorenzo, quien es capturado por la justicia junto con su compañero Tierra Adentro.

Después de las pesquisas, el Corregidor da la orden directa de preparar la pena de muerte para Agustín Lorenzo. El bandolero argumenta que él y Elena están legalmente casados, pero para la ley las palabras no valen viniendo de un bandido. Al reorganizarse, llega la banda y con ayuda de los pobladores de Huejotzingo se dirigen al calabozo que lo custodia, lo liberan y haciendo distracciones con mosquetes y escopetones por toda la ciudad dividen al ejército en diferentes flancos. Agustín Lorenzo huye a la Sierra Nevada para encontrarse con el amor de su vida, su hermosa y amada esposa Elena. Cuenta la leyenda que, cansado de la adrenalina de las aventuras por el centro del país, se dedicó a la vida privada, tranquila y altruista.

El Carnaval de Huejotzingo: Tradición viva de la historia

Así termina esta historia de amor, que aún se representa en el conocido Carnaval del Municipio de Huejotzingo en Puebla, México, que se celebra desde 1868. Este famoso carnaval inicia el fin de semana anterior al Miércoles de Ceniza y culmina el martes. En él participan alrededor de doce mil personas que se disfrazan con máscaras, túnicas, gaznes, tocados de plumas, escudos y fusiles para transformar las calles del pueblo en un enorme escenario y representar en él tres episodios que han marcado la historia de Huejotzingo.

Procesión del Carnaval de Huejotzingo

Como una gran obra de teatro que en tres actos resume, expresa y presenta al espectador la historia, cultura e identidad de un pueblo, revividos y encarnados por sus propios habitantes. Uno de estos episodios es la Batalla de Puebla de 1862, en la que los mexicanos derrotaron al ejército francés. Para su representación se forman diversos batallones: el ejército invasor se compone de zuavos, turcos y zapadores; mientras que el victorioso ejército mexicano está conformado por los indios serranos, zacapoaxtlas y apaches. Ambos bandos se enfrentan disparando sus mosquetes cargados con pólvora, que entre la humareda y el estruendo dan gran realismo a la escena, sabiendo ya de antemano que los franceses sufrirán su tradicional derrota.

La otra historia que se presenta es la del bandido, héroe, leyenda y hasta santo, Agustín Lorenzo y su amada Elena, representando el rapto, la boda, la persecución y la liberación. En ese mismo momento es posible observar el tercer episodio: un matrimonio indígena que simboliza la primera unión realizada en este lugar bajo el rito católico.

Además, esta tradición mezcla ritos indígenas e influencias españolas. Sus orígenes se remontan a la época prehispánica, cuando los indígenas de Huejotzingo y Cholula realizaban ritos de danzas, cantos y ofrendas a los pies del Popocatépetl y del Iztaccíhuatl para pedir un buen año agrícola. Con el arribo de la orden franciscana en 1524, la celebración adquirió toques de arte y refinamiento con la incorporación de compás, música prehispánica (tambor, teponaztli y chirimía), música de viento y disfraces.

Sea cual fuere el origen de la integración de las tres historias, lo cierto es que generaron una enorme tradición que perdura con mucha fuerza. Tan es así que los huejotzingas están seguros de que su carnaval y sus leyendas nunca morirán, pues ni siquiera se suspendió en los difíciles años de la Revolución Mexicana cuando les fue prohibido usar mosquetones: entonces participaron con palos.

Bibliografía:
Crónicas de Huejotzingo

Fotografía:
a) Murales de Diego Rivera «Agustín Lorenzo» (Museo Palacio de Bellas Artes).
b) Boceto: El Carnaval de Huejotzingo (Fernando Ramírez Osorio).
c) Batalla del carnaval de Huejotzingo.

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