Leyendas de Puebla: La cascada de San Pedro Zacatlán

Leyendas de Puebla: La cascada de San Pedro Zacatlán


lacendi

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lacendi
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30 de diciembre, 2015•4 min de lectura

Los mitos y leyendas tradicionales de Puebla forman parte fundamental de nuestra identidad cultural. Es por ello que hoy te compartimos la recopilación de estos fascinantes relatos plasmados en el libro Leyendas y Mitos de Puebla por el maestro Salvador Mómox Pérez.

La Cascada de San Pedro en Zacatlán

La ciudad de Zacatlán es una destacada y bella población localizada al noreste del estado de Puebla; por su extensión territorial ocupa el séptimo sitio entre los 217 municipios de la entidad.

Con profundas raíces indígenas, sus antiguos pobladores descienden de tribus como los zacatecas y chichimecas. Tras la conquista española, la colonización se articuló principalmente a través del sistema de encomiendas otorgado a Hernán López de Ávila, dando origen étnico a la actual población de Zacatlán, cuyo significado toponímico se traduce como «donde abunda el zacate».

La primera reina de la manzana y la joven Cielo

Fue precisamente en este pintoresco rincón donde, durante la década de los años cincuenta del siglo XX, se instauró la hermosa tradición de elegir a la reina de la feria de la manzana.

En su segundo año de realización, las autoridades civiles convocaron a las jóvenes del municipio a participar en un concurso que resultó ser un rotundo éxito. La indiscutible ganadora fue una joven de nombre Cielo, cuya belleza física era tan excepcional como su bondad interior; se decía que se desvivía por ayudar a los más necesitados, despojándose incluso de sus propias pertenencias para mitigar las carencias ajenas.

Su triunfo fue inobjetable y su coronación se programó para el 15 de agosto, día inaugural de la feria. El trono lució una decoración sumamente vistosa a base de flores y frutos, una peculiaridad que con el paso de los años no ha podido igualarse. Aquella jornada constituyó el momento más feliz en la vida de Cielo: recibió su corona y cetro luciendo un radiante atuendo tradicional compuesto por una blusa bordada multicolor de manga corta, un quexquemetl blanco con borlas colgantes, falda negra de enredo larga y tableada, ceñidor de lana, collares de canutillo, huaraches, grandes aretes de oro y un rebozo tradicional.

El trágico accidente en la cascada

Al día siguiente, Cielo acompañada de sus princesas se trasladó a la cascada de San Pedro, un paraje de imponente belleza natural cuya caída de agua supera los 20 metros de altura, flanqueada en su base por grandes piedras que permitían cruzar caminando sobre ellas.

Era un sitio paradisíaco, ya que el torrente de agua al precipitarse generaba una densa bruma que, a determinada hora del día, dibujaba un extraordinario y brillante arcoíris.

Tras bañarse en la cristalina corriente y juguetear alegremente, Cielo resbaló al intentar correr sobre las rocas sufriendo una caída cuyo impacto resultó mortal. La noticia conmocionó al pueblo: se sucedieron días de llanto incesante por parte de los habitantes, quienes formaron hileras interminables para visitar su cuerpo durante la velación y el posterior sepelio. Muchos coincidían en que el rostro de la joven parecía conservar la paz de alguien que jamás hubiera muerto.

La aparición y la segunda coronación

Pocos días después, los lugareños comenzaron a reportar una presencia en la orilla de la cascada: la silueta de Cielo, envuelta en una luz resplandeciente, brincaba alegremente de piedra en piedra jugando con la espuma del agua.

Lejos de provocar temor, este asombroso fenómeno impulsó a la comunidad a redoblar los rezos por el eterno descanso de su alma. La historia culminó una noche en que la Luna y las estrellas brillaban con intensidad, cuando numerosos testigos presenciaron la segunda coronación de Cielo: seres angelicales descendieron uno a uno desde el cielo. Aunque su belleza igualaba a la de la joven, los curiosos lograron reconocer entre ellos a antiguos habitantes de Zacatlán que en vida se habían distinguido por su bondad y espíritu caritativo.

Tras aquella noche celestial, las apariciones cesaron por completo y el alma de Cielo pudo descansar al fin en paz.

No cabe duda de que las almas piadosas y caritativas moran en el limbo dentro de una región donde la felicidad es eterna, los cuerpos terrenales carecen de importancia, el hambre y las enfermedades son desconocidas, y fundirse con el viento resulta lo más natural.

Fuente bibliográfica:
Libro: Leyendas y Mitos de Puebla
Autor: Salvador Mómox Pérez
Edición: 2008
Páginas: 9, 10, 11 y 12.

Imagen de portada (Flickr con atribución Creative Commons).

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