Leyendas de Puebla: El aparecido del Salto del Gato

Leyendas de Puebla: El aparecido del Salto del Gato


lacendi

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lacendi
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9 de septiembre, 2015•4 min de lectura

Las leyendas tradicionales de Puebla están de vuelta. Por ello, te compartimos la recopilación de estos fascinantes relatos plasmados en el libro Leyendas de Puebla por los maestros Salvador Mómox Pérez y Roberto Vélez de la Torre.

El aparecido del Salto del Gato

La carretera Panamericana funciona como una vital vía de comunicación que atraviesa la República Mexicana desde el noreste hasta el sureste.

Específicamente en el tramo que conecta la población de Izúcar de Matamoros con Acatlán de Osorio, en el estado de Puebla, la carretera cruza una porción accidentada del eje volcánico. Al llegar a la zona más alta y sinuosa de este trayecto se encuentra un profundo precipicio donde, misteriosamente, múltiples vehículos se han precipitado a lo largo del tiempo, costándole la vida a sus ocupantes.

Sucedió en la década de los años treinta del siglo XX, cuando los primeros autobuses de pasajeros comenzaron a circular por esa región. En aquellos días, los choferes empezaron a reportar la aparición de un individuo enigmático vestido con un impecable traje de charro de color negro, adornado con botonadura de plata y un botón de oro, quien se cubría la cabeza y parte del rostro con un sombrero ricamente decorado con hilos de oro.

Este misterioso personaje «les hacía la parada» en plena ruta. Al abordar el autobús, se acercaba discretamente al conductor para proponerle un trato macabro: «Al llegar a la cumbre, ¡abres la puerta, te arrojas a un lado del camino y dejas que el camión ruede hacia la barranca!», agregando de inmediato: «¡Aquí tienes este dinero! ¡Es para ti!», mientras le mostraba enormes fajos de billetes de alta denominación.

Se cuenta que algunos operadores, cegados por la tentación de tanto dinero, aceptaban el trato y ejecutaban las órdenes del charro. Otros más aceptaban el efectivo pero se negaban a cumplir con el pacto, apareciendo días más tarde sin vida y con visibles huellas de tortura.

Con el paso de los meses, el pánico entre los choferes y usuarios alcanzó niveles insospechados, debido a que el misterioso espectro, al notar que los conductores ya no se detenían a recogerlo, comenzó a materializarse de manera inexplicable directamente al lado del operador durante el viaje, repitiéndole el mismo ofrecimiento.

El revuelo provocado por estos acontecimientos fue de tal magnitud que el servicio de transporte público de pasajeros estuvo a punto de suspenderse por completo en aquella época.

Ante la crisis, las autoridades eclesiásticas y civiles coordinaron la colocación de varias cruces benditas en el sitio. Se cuenta que durante la ceremonia de bendición emergió de imprevisto este ser diabólico blandiendo un impresionante látigo, con el cual golpeó repetidas veces al sacerdote oficiante. Estando a punto de expirar, el padre logró arrebatarle el instrumento de tortura de las manos y, acercándose lo más posible a la criatura infernal, le roció agua bendita. En ese instante, el elegante charro se transformó en un horrendo demonio que, revolcándose entre las piedras, se precipitó al fondo del abismo entre desgarradores gritos de dolor e insultos dirigidos al enviado de la Iglesia.

Una gran enseñanza nos deja este relato: se debe tener mucho cuidado cuando alguien nos ofrece un recurso económico o beneficio material, analizando detenidamente a cambio de qué se otorga.

Evitemos cargar con una conciencia intranquila por el resto de nuestras vidas.

Fuente bibliográfica:
Libro: Leyendas de Puebla
Autores: Salvador Mómox Pérez y Roberto Vélez de la Torre
Edición: 2008
Páginas: 3, 4 y 5.

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