Leyendas de Puebla: El mensajero de Cuautlancingo


Como ya es una costumbre les compartimos una leyenda poblana recopilada por los Maestros Salvador Mómox Pérez y Roberto Vélez de la Torre en su libro Leyendas de Puebla ¿Conocías esta leyenda de Cuautlancingo?

El mensajero de Cuautlancingo

Cuautlancingo, población de origen tlaxcalteca, con fuerte influencia azteca forma parte de los 217 municipios del Estado de Puebla. Se fundó en la época en que se llevó a cabo la conquista de México. Sus habitantes, gente noble y trabajadora, tenían la costumbre, que después del toque de la campana de las 7 de la noche, se concentraban en sus casas.

Hombres y mujeres tomaban sus alimentos y se disponían a descansar, porque al siguiente día, las actividades empezaban a las 4 de la mañana o antes.

Un día de tantos, por algunas de sus calles, se empezaron a escuchar gritos desgarradores, que hacían temblar a los más valientes. Nadie se atrevía a asomarse, para tratar de investigar de que se trataba.

Pasaron algunos días cuando Juan Cotzomi, vecino de esta población, después de haberse tomado unas copas con sus compañeros de trabajo, llegó a una calle antes del templo del pueblo, y sintió de manera imprevista, la presencia de un ser del más allá. Se sobrepuso a su enorme miedo, volteó la cara hacia donde se encontraba una gran áurea, en la que percibió la presencia de un ser de unos 3 metros de altura y extremadamente delgado.

De los ojos de esta criatura brotaban enorme lenguas de fuego. A punto de desmayarse, esuchó una voz con un eco profundo que le dijo:

- ¡”Dile a mi gente indígena que los hacendados perderán sus bienes”!

- ¡”Cuándo eso sea, acepten los terrenos que repartirán“!

Y agregó:

- Haz esto por el bien de todos. Hay de tí si no cumples“.

Mudo de terror, Juan Cotzomi, se trasladó a su hogar, después de ver desaparecer ante sus ojos a esa terrorífica aparición

Se cuenta que a partir de esa fecha se le vio platicar con toda la gente que se encontraba, relatándole su experiencia. Así lo hizo hasta el año en que se formaron los ejidos y empezaron a ser propiedad de los campesinos del país y el estado.

El mensajero jamás volvió a ser visto por estos rumbos, pero sin querer, hizo popular a Juan, que al cumplir su cometido y como consecuencia lógica, al comprobar la gente que no dijo mentiras, vieron en el a una persona buena que les auguraba parabienes.

Terminaron por nombrarlo tiachca de la comunidad, o sea la autoridad máxima.

Fuente: Libro Leyendas de Puebla
Autores:
Salvador Momox Pérez
Roberto Vélez de la Torre
Edición 2004
páginas 60, 61, 62.

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